La Casa Moderna

La casa moderna

Más cómoda, más cálida y más abierta. La vivienda actual, según Enric Pastor, director de AD España, mira a los maestros arquitectos del pasado como Lloyd Wright o Le Corbusier, uniendo diseño y arte contemporáneo, pieza fundamental del nuevo hábitat.

¿Cómo es la casa moderna? Por suerte no se parece en nada al frío rascacielos de cristal hipertecnológico que todos imaginábamos de niños viendo las películas de ciencia ficción.

La realidad es que hoy para vivir feliz en tu hábitat, se requiere apagar el móvil nada más entrar por la puerta, por mucho que lo usemos para levantar los estores. El entorno doméstico que hoy concebimos es más natural, plácido, amigable, lleno de transiciones fluidas y colores suaves. Si el maestro arquitecto norteamericano Frank Lloyd Wright (todo un visionario), allá por los años 20, fue el primero en promulgar la unión de la cocina, el comedor y el salón en sus viviendas en Chicago, el reto ahora es que todos los espacios –dormitorio incluido– sean accesibles y abiertos, envueltos en maderas y otros materiales naturales, o en su versión más sofisticada, en piedras o latón.

La cocina, en el centro del hogar, es un taller y un oasis verde (las plantas deben ser inquilinas fijas) y el comedor, sin marcar frontera, sigue sus reglas. El salón es igualmente flexible: un patio de juegos donde crear distintas escenografías, lleno de muebles de nuevo cuño (de Patricia Urquiola, Jasper Morrison, los Bouroullec), iconos del pasado que han demostrado vigencia, desde los Eames a Jean Prouvé, o por qué no, de piezas únicas y lujosas como las que firman Kelly Wearstler o Maria Pergay. El baño se convierte en un spa dentro del dormitorio, y éste, en una verdadera guarida lo más agradable posible e inductora del sueño.

La casa moderna, en definitiva, es un interior que proporciona calma, que atrae y acoge, como los que proyectaba Le Corbusier o Alvar Aalto a principios del siglo XX (a veces para avanzar hay que mirar al pasado).

En los interiores hay que hacerle también mucho sitio al arte contemporáneo, que ya es casi tan fundamental como el sofá. Para rodearte de belleza, por inversión o adicción, para que te cuente cosas, te golpee en el estómago o te deleite la vista. Aunque las motivaciones decorativas también son válidas (con el permiso y redención de galeristas y artistas), comprar arte no es buscar "ese óleo que combina con la butaca" ni "la escultura de bronce que va con el papel pintado". Las obras tienen vida propia, palpitan como entes independientes y hay que enamorarse de ellas porque te comunican, te atrapan, porque dicen algo de ti que no sabías y no se te ocurriría mejor manera de contarlo.

Pero está claro: cada casa, como cada persona, necesita una escenografía distinta. Ponerle reglas sería acabar con su alma. Aunque sí apuntaré un consejo: en interiorismo, desinhíbete, saca lo mejor que hay en ti, atrévete a descubrirte. Perpetra ese tipo de cosas que te parecen una locura y acertarás. La buena decoración (y la casa moderna) es de los valientes.

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